Para entenderlo mejor

Los relatos de Jesús muestran el valor de acoger a los pequeños y de salir al encuentro del otro. La familia también conoce diferencias y heridas. Leer estas escenas puede ayudarnos a reconocer necesidades concretas, escuchar sin adelantarnos y cuidar a quienes tienen menos voz.

Una familia real, no perfecta

La parábola del hijo pródigo cuenta distancias, resentimientos y dificultades para alegrarse por el otro. No idealiza los vínculos. El padre sale al encuentro de los dos hijos, recordándonos que cada uno puede necesitar una forma distinta de cercanía.

Escuchar a quien tiene menos voz

Jesús acoge a los niños cuando otros quieren apartarlos. Esa escena puede orientar la vida de casa: prestar atención a quien no suele decidir, cuidar a quien depende de otros y no confundir autoridad con imposición. Las necesidades de los pequeños también cuentan.

Practicar el amor y reparar

Colosenses reúne compasión, humildad, paciencia y perdón en una llamada a vivir juntos. En una familia, estas actitudes toman forma al repartir tareas, reconocer un error y pedir perdón sin excusas. Cuidar el vínculo no exige ocultar daños ni sostener situaciones que ponen a alguien en peligro.

Qué dice la Biblia

Una selección de textos para leer juntos. Cada uno aporta un matiz; no pretende agotar todas las referencias sobre familia.

Dejad que los niños se acerquen

Marcos 10, 13-16

13Y tomaron para él niños pequeños, para que él pusiera sus manos sobre ellos; y los discípulos reprendieron a los que los presentaban.

14Cuando Jesús lo vio, se enojó y les dijo: Dejen que los niños vengan a mí y no se los impidan; porque de tal es el reino de Dios.

15De cierto les digo, que cualquiera que no se someta al reino de Dios como un niño pequeño, no entrará en él en absoluto.

16Y él los tomó en sus brazos, y les dio una bendición, poniendo sus manos sobre ellos.

Frente a quienes apartan a los niños, Jesús los acoge. Recibir el Reino requiere una apertura que no depende del prestigio.

El hijo pródigo

Lucas 15, 11-32

11Y él dijo: Un varón tenía dos hijos.

12Y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que será mía. Y él hizo la división de sus bienes entre ellos.

13Y no mucho después, el hijo menor juntó todo lo que era suyo y emprendió un viaje a un país lejano, y allí todo su dinero lo desperdicio llevando una vida insensata.

14Y cuando todo se malgasto, hubo una hambruna no había comida en ese país, y él estaba en necesidad.

15Y él fue y se puso en manos de uno de los ciudadanos de ese país, y lo envió a sus campos para dar de comer a los cerdos.

16Y tan grande era su necesidad que habría estado contento de tomar la comida de los cerdos, y nadie le dio nada.

17Pero cuando volvió en sí, dijo: ¡Cuántos criados de mi padre tienen suficiente pan, y más, mientras estoy cerca de la muerte por necesidad de alimento!

18Me levantaré e iré donde mi padre, y le diré: Padre, he hecho mal, en contra del cielo y en contra ti.

19Ya no soy digno para ser llamado tu hijo: hazme como uno de tus empleados.

20Y él se levantó y fue a su padre. Pero mientras él todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió lástima por él y fue rápidamente, lo tomó en sus brazos y le dio un beso.

21Y su hijo le dijo: Padre, he hecho mal, contra el cielo y contra ti :y ya no soy digno para ser nombrado tu hijo.

22Pero el padre dijo a sus siervos: busquen la mejor ropa, y vistanlo, y pongan un anillo en su mano y zapatos en sus pies.

23Y toma el buey gordo y mátenlo, comamos y hagamos una fiesta, y alegrémonos.

24Por esto, mi hijo, que estaba muerto, está viviendo de nuevo; él se había alejado de mí y ha regresado. Y ellos estaban llenos de alegría.

25Ahora el hijo mayor estaba en el campo: y cuando llegó cerca de la casa, los sonidos de la música y el baile llegaron a sus oídos.

26Y mandó llamar a uno de los sirvientes, preguntándole que pasaba.

27Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha matado un becerro porque ha regresado a salvo.

28Pero él se enojó y no quiso entrar; y su padre salió y le hizo una petición para que entrara.

29Pero él respondió y le dijo a su padre: Mira, todos estos años he sido tu siervo, siguiendo tus órdenes en todo; y tú nunca me diste ni una chivo para que yo tenga una fiesta con mis amigos:

30Pero cuando vino este tu hijo, que ha estado malgastando tu propiedad con prostitutas, le matas un becerro.

31Y él le dijo: Hijo, tú estás conmigo en todo tiempo, y todo lo que tengo es tuyo.

32Pero era correcto estar contentos y tener una fiesta; porque este tu hermano, que estaba muerto, y ha revivido; se había perdido y ha regresado.

Esta parábola forma parte de las tres historias de lo perdido y encontrado en Lucas 15. El padre sale al encuentro de sus dos hijos: del que regresa y del que no logra alegrarse por su hermano.

Reconciliarse con el hermano

Mateo 5, 23-24

23Si entonces estás haciendo una ofrenda en el altar y allí te viene a la mente que tu hermano tiene algo en tu contra,

24Mientras que tu ofrenda está todavía delante del altar, primero ve y haz las paces con tu hermano, luego ven y haz tu ofrecimiento.

En el sermón de la montaña, la reconciliación con el hermano aparece inseparable del culto a Dios.

Aprender a vivir juntos

Colosenses 3, 12–15

12Como santos de Dios, entonces, santos y amados, deje que su comportamiento se caracterice por piedad y misericordia,benignidad, humildad, mansedumbre y paciencia;

13Siendo benignos los unos para con los otros y teniendo perdón los unos por los otros, si alguno ha hecho mal a su hermano, así como el Señor los ha perdonado:

14Y más que todos, ten amor; la única forma en que puedes estar completamente unidos.

15Y que la paz de Cristo gobierne en sus corazones, ya que fue el propósito de Dios que ustedes sean un solo cuerpo; y alabar a Dios en todo momento.

Las virtudes que Pablo propone a la comunidad pueden inspirar también la convivencia familiar.

Paciencia y bondad

1 Corintios 13, 4–7

4El amor es sufrido; el amor es amable; el amor no tiene envidia; el amor no es presumido, el amor no tiene orgullo;

5Los caminos del amor son siempre justos, no busca los suyo; no se enoja rápidamente, no guarda rencor;

6No se complace en hacer mal, sino que se alegra de lo que es verdadero;

7El amor tiene el poder de sufrir todas las cosas, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Una invitación a revisar la forma concreta en que nos tratamos.

La mirada de los papas

Francisco
Francisco

Escuchar antes de responder

Francisco dedica una parte de su reflexión al diálogo. Propone escuchar con tiempo, reconocer lo que el otro siente y permitir que pueda expresarse. Aplicado a la familia, esto invita a superar la prisa por corregir o ganar una discusión para comprender primero a la persona.

El diálogo requiere algo más que turnarse para hablar. En la reflexión de Francisco, escuchar implica dar espacio a la experiencia del otro y no dar por supuesto que ya sabemos lo que quiere decir. Esa disposición puede cambiar el tono de la convivencia.

Podemos llevarlo a casa reservando un momento sin distracciones, preguntando antes de interpretar y evitando responder con una lista de reproches. Comprender no significa estar de acuerdo en todo. Significa reconocer que la otra persona merece ser escuchada, también cuando necesitamos expresar una diferencia o establecer un límite.

Síntesis editorial · Amoris laetitia · 19 de marzo de 2016 · §§ 136–141

Leer el documento del papa

Una pregunta para llevar contigo

¿A quién de tu familia podrías escuchar hoy con más calma?

Encontrar una oración

Explicaciones editoriales propias. Texto bíblico: BES · © 2018 AudioBiblia.org / Irma Flores · CC BY 4.0; las enseñanzas de los papas se presentan como síntesis, con enlace al original.